Danzad, villanas

Con motivo de los actos organizados alrededor de la celebración del ‘Día Internacional de la Mujer’, las delegaciones de Cultura e Igualdad proponían el pasado viernes una doble cita consistente en un taller y espectáculo de danza a cargo de la compañía ‘La Casquería’

 

Lo del nombre de la compañía -La Casquería- y que la convocatoria tuviera lugar en el Mercado de Abastos parecía una casualidad un tanto “visceral”, por llamarla de algún modo. Finalmente, y a causa del mal tiempo y la lluvia, el encuentro se desarrolló en la zona de la planta superior, en un marco mucho más neutro.

                                                                              

Una treintena de mujeres pudieron disfrutar del taller previsto por las bailarinas y creadoras Raquel López y Anna París e incluido dentro del programa ENRÉDATE, que generosamente admitieron también la presencia de un buen número de niños que acompañaban a sus madres.

 

El reconocimiento del propio cuerpo y su movimiento, la aproximación y la lejanía entre las participantes, la conciencia del espacio y como colofón la realización de un breve fragmento de una coreografía desarrollada en apenas unos pasos, constituyó el grueso de un taller que hizo las delicias de las presentes. Como una delicia fue escuchar en boca de estas bailarinas ciertas consignas como ‘No miramos a nadie’ o ‘No se juzga’. La libertad de la danza y la belleza del concepto de este taller supo a poco.

 

Tras una breve pausa, ‘La Casquería’ ofreció una versión adaptada de su obra ‘En la Habitación’. La gracilidad de los movimientos y la fuerza interpretativa de ambas bailarinas conectaron rápidamente con un público que se sintió muy integrado en la obra ya que con la experiencia del taller realizado previamente podía identificar pasos, música y algo de coreografía.

‘En la habitación’ es una obra flexible abierta a interpretaciones, un relato libre que surge de la observación de la obra de Hopper y que a partir de esa sensación pictórica establece todo un lenguaje corporal a través de la danza que fabula con las relaciones entre dos mujeres, encuentros, desencuentros, amor, desamor…y que en ningún momento condiciona ni dirige la opinión del espectador. De hecho, nada más libre que la opinión de un niño y es por eso que quisimos preguntarle a uno de los presentes qué le había parecido la obra. Rafael nos contestó lo siguiente: ” La obra me pareció preciosa. Parece que cuenta algo de hace cien años. A mí me parece que la mujer que era la anfitriona tenía el deseo de enamorar a la mujer que era la invitada y entre ello la parte más bonita, la danza, de movimientos imposibles y sincronizaciones que hacía que parecieran una sola persona” “A veces lo pequeño puede marcar la diferencia, aunque sea una compañía de danza de dos personas hacen grandes cosas” “Me encantaría que se hiciera todo lo posible para que esto se repita”.

Poco más que añadir.

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